Entre las muchas figuras esenciales de nuestro cine que debutaron con Romero hay que contar, un poco a su pesar, al gran actor español Narciso Ibáñez Menta. Contratado por Lumiton por su ya enorme trayectoria y prestigio, Ibáñez Menta planteó un argumento próximo a los de los clásicos melodramas exóticos que había protagonizado Lon Chaney en el cine mudo: un hombre desfigurado confía en encontrar la cura para su mal mediante el sacrificio de otro. Pero Romero no termina de creerse el argumento y arma el film en un tono cómico cercano al que luego popularizaron Abbott & Costello cuando enfrentaban a Drácula, Frankenstein o al Hombre Lobo. De paso, Romero reanudó las hostilidades con la policía de la provincia y volvió a ridiculizarla en una escena en que torturan con tremendos chorros de agua fría al personaje de Severo Fernández, que les reclama: «¡Peleen con ideas, no con agua, cobardes!».