Sobre novela de Osvaldo Soriano y adaptación por Roberto Cossa, la trama enfrenta a peronistas de derecha y de izquierda en un pueblo bonaerense arquetípico. El gusto de Olivera por la mordacidad encontró el vehículo ideal en ese argumento, que empieza en tono ligero y se desbarranca progresivamente hacia la tragedia, y que desde luego molestó a más de un peronista. Octavio Getino escribió que el film era el producto “de una intelectualidad con serias limitaciones para comprender la dinámica de los movimientos históricos y sociales del país”, pero esa dinámica era la misma que había nombrado al propio Getino al frente del Ente de Calificación en 1973 y que poco después lo había amenazado de muerte y obligado al exilio. Si algo no puede cuestionarse al film de Olivera es su inteligencia para representar las contradicciones del movimiento peronista en todos sus matices, aunque el tono pudiera resultar irritante. Olivera ha explicado que “fue muy difícil hacerla. Se gestó durante los primeros meses de 1983, cuando Bignone ya había llamado a elecciones. Mis socios querían que esperásemos a ver qué pasaba pero les dije: ‘Si gana el peronismo va a ser muy difícil la relación con el Instituto, hacerla, estrenarla… Y si ganan los radicales va a resultar oportunista hacer una película crítica del peronismo derrotado. Hay que hacerla y estrenarla cuanto antes’. Y así lo hicimos. Filmamos en junio y estrenamos en septiembre, cuarenta días antes de las elecciones.»