Baía dos Tigres es una isla frente a la costa de Angola. Un pequeño pueblo de pescadores prosperó allí desde el siglo XIX, pero hoy se encuentra abandonado y casi enterrado bajo la arena. Ese es el escenario del último largometraje de Carlos Conceição, que amalgama con desenfado tramas cercanas a la ciencia ficción distópica con otras de un registro más bien ensayístico. Cierre de una suerte de trilogía involuntaria, filmada en su país de nacimiento, sobre los fantasmas del pasado colonial en el presente, que materializa su idea de «preferir el cine que se arriesga a no hacer concesiones».