El suicidio de un hombre vestido con ropas de mujer provoca una investigación policial, que consiste básicamente en una larga entrevista que un policía le hace a un psiquiatra. Allí se relatan dos casos distintos muy distintos, uno de cambio de sexo verdadero (inspirado en el de Christine Jorgensen, muy promocionado en 1952) y otro de travestismo que, según la biografía de Wood que investigó Rudolph Grey, era profundamente autobiográfico. En esa zona personal, donde el propio Wood se expone a corazón abierto como actor, autor y travesti, hay que buscar las razones de la fascinación que sigue provocando este film, la obra maestra indiscutible de su creador. La película se impone sobre el espectador mediante la libre apropiación de imágenes ajenas, un uso creativo de la voz en off que rivaliza con el mejor cine experimental, una imaginería onírica que parece cifrarse en el cine mudo, y, por sobre todo ello, la presencia inexplicable de Bela Lugosi. Se verá en espléndida copia nueva en fílmico, recientemente adquirida por la Filmoteca Buenos Aires.