Pero Aristarain no se limita a compendiar conductas sino también frases que sintetizan ideología. La más obvia es un clásico del relato negro en todas sus expresiones: “Todo el mundo tiene un precio”; pero hay otras cuyas resonancias locales eran particularmente significativas en la Argentina de 1981. Bengoa (Federico Luppi) sólo necesita decir “Fui al frente y me dejaron solo” para recordar con dolor su experiencia como líder sindical. Es evidente que los representantes de la censura en ese momento estaban más preocupados por cortar desnudos y objetar palabrotas que en detectar sutilezas ideológicas con el mismo celo demostrado por sus antecesores en años previos. De otro modo hubiesen objetado la naturalidad con que Bengoa asume la necesidad de borrar su pasado compromiso político como condición indispensable para obtener trabajo. También hubieran debido notar que la empresa corrupta Tulsaco y sus diferentes personeros eran una representación bastante exacta del capitalismo depredador que definía (y se beneficiaba con) las políticas económicas de la dictadura. Como escribió en su momento el crítico e historiador Abel Posadas, “Con Tiempo de revancha tenemos el cuadro de una sociedad absolutamente corrompida desde los cimientos”. Una sociedad que, como el film refleja con exactitud, ha logrado aniquilar los factores que propiciaban estrategias colectivas y sólo permite la “jugarreta individual, aislada del contexto, marginal” que se cuela a través de grietas imprevistas. Es probable que el propio Aristarain se haya sentido un poco como Bengoa cuando, en esa misma sociedad, su film se transformó primero en un éxito de crítica y público, y luego en uno de los pocos referentes obligatorios del período.
Data Sheet
Tiempo de revancha (Argentina-1981) de Adolfo Aristarain, c/Federico Luppi, Haydée Padilla, Julio De Grazia, Ulises Dumont, José Jofre Soares, Aldo Barbero, Enrique Liporace, Arturo Maly, Ingrid Pelicori. 112’.