Según Olivera, “Durante el Proceso estábamos sufriendo una paralizante censura. Resolví incursionar en el realismo mágico rioplatense y decidí que no había nada mejor que la novela de María Granata. Me gustaba mucho su atmósfera, su clima. Hice la adaptación con ella y logré que la música la compusiera Lalo Schifrin. A mí me gusta el resultado pero no funcionó. Y la música ni siquiera quedó ternada para los premios de la Asociación de Cronistas de ese año.” Pese a su poca repercusión, parte de la crítica lo destacó como se merecía. Daniel López escribió que “Olivera logró concretar un entretenimiento de primer orden, apoyado en un tema cautivante y en una producción generosa, elementos que cuajaron en un film original en su propuesta, algo que mucha falta le hace al cine argentino” (Convicción, Buenos Aires, 22 de mayo de 1981).