Ya no es una novedad para cinéfilos distraídos como lo fue en los 90, cuando la publicación de la biografía de Rudolph Grey y su adaptación cinematográfica por Tim Burton lo transformaron en el director norteamericano muerto más celebrado de la década. Pero sigue siendo rarísimo ver sus películas en fílmico, como lo haremos en esta ocasión, y con público, que es toda una experiencia. De su tríptico con Bela Lugosi, La novia del átomo es la que más directa y amorosamente evoca los éxitos pasados del actor, los delirios para-nazis de los científicos locos de esos años (“Crearé una raza de superhombres atómicos con la que dominaré el mundo”) y los monstruos del primer cine de terror que tuvo el cine sonoro. Aquí hay dos: un gigante mudo que, como Frankenstein, precipita el desastre final (Tor Johnson, compartiendo cartel con Lugosi) y un pulpo gigante de goma que logra cobrarse víctimas humanas a pesar de encontrarse perfectamente inmóvil.