13.12.2018

Vigencia de Shakespeare

Por Carlos Gamerro

¿Cuál será la razón de la incomparable vigencia de Shakespeare, de la vitalidad que sus obras siguen manifestando, en casi todas las naciones del mundo, cuatrocientos años después de haber sido escritas? Homero, los trágicos griegos, Cervantes, Dante tal vez, le pisan los talones; Virgilio, Goethe, Molière, Jane Austen, Melville, Tolstoy y muchos otros lo siguen con la lengua afuera. Las respuestas que uno dé, o escuche, podrán ser muy disímiles; pero indefectiblemente aparecerán palabras como ‘universalidad’, ‘atemporalidad’ o ‘genio’ (que, como su palabra hermana, ‘loco’, suele ser un inestimable comodín para catalogar todo aquello que no podemos explicar). En lo que sigue, apenas me aventuraré a señalar algunas características de la obra shakesperiana que apuntalan su proteica ubicuidad, intentando en lo posible prescindir de estos ya algo bastardeados términos. ... Seguir leyendo


14.09.2018

Walter Benjamin: materialismo y teología

Por Mariana Dimópulos

El Renacimiento imaginó una tripartición del pasado en historia de la naturaleza, historia del mundo e historia divina; hoy se habla de una historia cósmica, de una historia de la Tierra y una historia de la vida humana que se reparten diversamente, a diferencia del esquema renacentista, su prioridad una sobre las otras. Puestos a pensar la tarea actual sobre el saber del pasado, sus teóricos encuentran diversas fases: la reunión de documentos, las explicaciones, la exposición. ... Seguir leyendo


07.08.2017

Carnadas

Por Fiorella Talamo y Fernanda Alarcón
Antonio Berni. Chelsea Hotel, 1977.

Las escenas son similares: dos cuerpos femeninos esculturales, una cortina, una ventana que deja ver la ciudad. Dos rubias imponentes que desatan una desbordante cadena de miradas. ¿Qué las diferencia? Una es una obra de colección del museo, el Chelsea Hotel de Antonio Berni (1977), la otra, se ve en la pantalla de la televisión o el cine, en el film Encarnación de Anahí Berneri (2007). ... Seguir leyendo


El seminario Formas de leer a Proust 2. Guermantes / Sodoma y Gomorra, a cargo de Walter Romero, comienza el lunes 8 de mayo. 


11.04.2017

Sobre Goethe

Por Marcelo G. Burello

Para la historia del concepto de autonomía del arte –como para tantas otras ideas fundantes del arte moderno– es imposible determinar la posición exacta de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Su ubicuidad y su desubicación siempre fueron igual de proverbiales, y ya sus contemporáneos tuvieron notorias dificultades para encasillarlo y categorizarlo (excepción hecha de Schiller, que a tal efecto elaboró la bella taxonomía de poetas sentimentales e ingenuos). ... Seguir leyendo


19.12.2016

Burroughs para argentinos

Por Carlos Gamerro

Si hasta la primera mitad del siglo XX el gran profeta de los horrores por venir fue indudablemente Franz Kafka, en la segunda mitad –y en lo que va del XXI– tal dignidad corresponde sin lugar a dudas a William Burroughs. Nuestro mundo se ha vuelto cada vez más burroughsiano, y posiblemente sea por eso que su obra puede hoy ser leída con mayor facilidad por los jóvenes (letrados o no) que por muchos adultos “cultos”. ... Seguir leyendo


La primera tentación fue llamar “taller” a estos encuentros titulados Ficciones Alteradas. Taller, porque pensé siempre en el montaje y desmontaje de estrategias de escritura, en algo más práctico que teórico. Mi objetivo es poner a disposición de los asistentes recursos para la lectura y la escritura, una suerte de obrador minucioso. Si terminé inclinándome por la figura del “seminario”, es para disipar ciertas confusiones, ya que no habrá consignas de trabajo, y su materia no será analizar y elaborar los textos de los participantes. Hecha la aclaración, confieso que sigo concibiendo este seminario como un taller, como un gabinete de vivisección de las formas y de las decisiones que pusieron en marcha estrategias literarias recientes, astucias y tácticas que se me antojan indispensables.

¿Por qué Ficciones Alteradas? Hasta no hace mucho era muy claro saber qué queríamos decir cuando nos referíamos a ficción. Tan claro que hasta se bautizó como “non-fiction” a ese género que utiliza elementos de la narrativa literaria (cuento, novela) para volver a poner en escena, de modo crítico, relatos que están lejos de ser pura imaginación, habitualmente circunscriptos a la crónica periodística o al discurso historiográfico. La creciente impresión es que, con el inevitable y agresivo avance de los medios digitales de información, la ficción se encuentra re-distribuida, ocupando nuevos espacios y redefiniendo los límites.

¿Qué hacer, cómo actuar en este escenario? ¿Cómo sobrevivir literariamente en estos nuevos mapas? ¿Cómo reutilizar las posibilidades de las formas ya tradicionales (novela, cuento, ensayo) en una época en la que, frenéticamente, se escriben mails, mensajes de texto, tweets, entradas en blogs y en redes sociales?

Hace poco más de un año publiqué un artículo sobre lo real en tiempos de internet. Ya por entonces tenía en mente la necesidad de un análisis práctico de los horizontes y los desafíos literarios que la actual coyuntura descubre, minuto a minuto.

Hoy, no sólo vuelvo a citar una vez más a William Gibson (“el futuro ya está aquí, lo que ocurre es que no ha sido equitativamente distribuido”) sino que, además, estoy convencido de que es hora de mirar esos nuevos mapas más de cerca.

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El seminario Ficciones alteradas. El campo de pruebas de los relatos expandidos, a cargo de Rafael Cippolini, tendrá lugar los jueves 19, 26 de febrero, 5 y 12 de marzo de 18:30 a 20:30.

 


El curso de Jose María Brindisi Todo relato es policial parte de la idea, ya clásica, de que todo relato propone ir detrás de un enigma y se propone brindar elementos para pensar la propia escritura. Aquí tres de esos enigmas planteados en textos de autores clásicos del siglo XX, que serán analizados durante las clases.   

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“A la una de la madrugada Carl, el portero nocturno, apagó la última de las tres lámparas de mesa en el hall principal del Hotel Windermere. La alfombra azul se oscureció un poco y las paredes se perdieron en la lejanía. Los sillones seguían ocupados por borrosos parroquianos. En los rincones había recuerdos como telarañas.
Tony Reseck bostezó. Movió la cabeza a un costado y escuchó la música frágil y gorjeada de la sala de radio tras una penumbrosa arcada en el extremo opuesto del hall. Hizo una mueca. Después de la una de la madrugada esa era su sala de radio. No tenía que haber nadie en ella. La pelirroja le estaba arruinando las noches.”

Raymond Chandler, Estaré esperando

“Renata, con su vestido nuevo, permaneció de perfil frente al espejo y volteó el cuello para mirarse el trasero, pues era un espejo grande que le alcanzaba para verse de cuerpo entero. Cuando me puse el saco, no sé ni cómo me vio, ya que cuando se miraba al espejo no veía nada más, sin embargo preguntó ¿vas a salir a trabajar a esta hora?
Mi negocio es vender seguros, lo sabes, no tengo horario, respondí.
Preferiría que lo tuvieras, son las cinco de la tarde, no sé a qué hora regresarás y ya sé que no vamos a salir esta noche, y además ¿de qué me sirve comprar ropa nueva si no salgo con ella?
Disculpa, pero tengo que ganar dinero.
Tú no has ganado mucho últimamente.”

Rubem Fonseca, El vendedor de seguros

“Era la hora de almorzar y todos estaban sentados bajo el doble toldo verde de la tienda de campaña que servía de comedor, pretendiendo que nada había sucedido.- ¿Quiere jugo de lima o limonada? –preguntó Macomber.
- Lima con ginebra –le contestó Robert Wilson.
- Para mí también. Necesito algo fuerte –dijo la esposa de Macomber.
- Supongo que está bien –concedió Macomber-. Dígale que prepare tres limas con ginebra.
El mozo ya había empezado a prepararlos, sacando las botellas de las bolsas refrigerantes de lona bañadas en sudor, en el viento que soplaba a través de los árboles que hacían sombra a las tiendas.
- ¿Cuánto debería darles? –preguntó Macomber.
- Una libra será suficiente –le dijo Wilson-. No querrá malacostumbrarlos.
- ¿El jefe lo repartirá?
- Absolutamente.
Media hora antes, Francis Macomber había sido llevado en triunfo hasta su tienda desde el borde del campamento en los hombros y los brazos del cocinero, los ayudantes, el desollador y los cargadores. Los porteadores de armas no habían tomado parte en la celebración. Cuando los nativos lo bajaron a la entrada de su tienda, les estrechó las manos a todos, recibió sus felicitaciones y luego entró en la tienda y se sentó en la cama hasta que entró su esposa. Ella no le habló al entrar y él salió inmediatamente para lavarse la cara y las manos en el lavatorio portátil que estaba afuera y luego se dirigió a la tienda de campaña que servía de comedor para sentarse en una confortable silla de lona en la brisa y la sombra.
- Ya tiene su león –le dijo Robert Wilson-. Y uno condenadamente bueno, además.”

Ernest Hemingway, La breve vida feliz de Francis Macomber


A modo de adelanto del curso La atracción del abismo: Novalis, Baudelaire, Rimbaud, Artaud, que comienza el miércoles 7 de enero, reproducimos aquí un capítulo del libro La literatura y el mal, de Georges Bataille. Allí, dice el pensador francés:

Baudelaire, indudablemente no tuvo nada de radical -le acuciaba el deseo de no tener lo imposible como destino, de volver a caer en gracia- pero, como Sartre ayuda a comprender, sacó de lo vano de su esfuerzo lo que otros extraerían de la rebeldía. La idea es atinada: no tiene voluntad, pero a pesar suyo una atracción le mueve. La negación de Charles Baudelaire es la negación más profunda, ya que no es en ningún momento la afirmación de un principio opuesto. Expresa solamente el estado de ánimo bloqueado del poeta, lo expresa en lo que tiene de indefendible, de imposible. El Mal, que fascina al poeta en medida mucho mayor de lo que a él se entrega, es indudablemente el Mal, puesto que la voluntad, que no puede querer más que el Bien, no participa para nada en ello. Además apenas importa al fin y al cabo que se trate del Mal: como lo contrario de la voluntad es la fascinación y la fascinación es la ruina de la voluntad, condenar moralmente la conducta fascinada es quizá, durante un cierto tiempo, el único medio de liberar plenamente la voluntad.

Las religiones, las castas y recientemente el romanticismo también concedían su importancia a la seducción, pero la seducción entonces obraba con astucia, obtenía el asentimiento de una voluntad a su vez a la astucia. De este modo la poesía, que se dirige a la sensibilidad para seducirla, debía limitar los objetos de seducción que proponía sólo a los que la voluntad podía asumir (la voluntad consciente, que necesariamente plantea condiciones, que exige la duración, la satisfacción). La poesía antigua limita esa libertad que lleva aparejada la poesía. Baudelaire abrió en la masa tumultuosa de estas aguas la depresión de una poesía maldita que ya no asumía nada y que sufría sin defensa una fascinación incapaz de satisfacer, una fascinación que destruía. De este modo la poesía se desprendía de las exigencias que la venían desde fuera, las exigencias de la voluntad, para responder a una sola exigencia íntima, que la vinculaba a lo que fascina, que hacía de ella lo contrario de la voluntad. Hay algo más que la elección de un individuo débil, en esta determinación mayor de la poesía. No nos importa el que una tendencia personal, que afecta a la responsabilidad, pueda arrojar mayor o menor luz sobre las circuns- tancias de la vida del poeta. El sentido que para nosotros tiene Las Flores del Mal, es decir, el sentido de Baudelaire, es resultado de nuestro interés por la poesía. Ignoraríamos todo lo referente a ese destino individual, si no mediara el interés que pueden suscitar los poemas. Por eso no podemos hablar de él sino en la medida en que le ilumina nuestro amor por Las Flores del Mal (no aisladamente sino unidas al conjunto en que se incluyen). Desde esta perspectiva, la singular actitud del poeta hacia la moral es la que explica la ruptura que realiza: la negación del Bien en Baudelaire es, de modo fundamental, una negación de la primacía del mañana: la afirmación, mantenida simultáneamente, del Bien, participa de un sentimiento maduro (que a veces le guiaba en su reflexión sobre el erotismo): le revelaba regularmente y desgraciadamente (de una forma maldita) la paradoja del instante - al que sólo alcanzamos cuando le rehuimos, que desaparece si intentamos apresarle. 

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04.12.2014

Cursos de verano

Durante los meses de enero y febrero, MALBA Literatura presenta una nutrida oferta de cursos, tanto para público general como para profesionales del área.

La atracción del abismo:  la fascinación por la oscuridad en la poesía de Novalis, Baudelaire, Rimbaud, Artaud, por Leandro Pinkler. El curso sigue las huellas de la poesía de algunos seres extraordinarios en tres períodos bien delimitados: el del Romanticismo alemán (Novalis), en la época de los poetas malditos del siglo XIX (Baudelaire, Rimbaud), en los desarrollos del surrealismo (Artaud). Miércoles 7, 14, 21 y 28 de enero de 18:30 a 20:30.

Los monstruos en la literatura japonesa, por Anna Kazumi Stahl. A partir de los monstruos que Antonio Berni había imaginado como pesadillas de su personaje Ramona Montiel, este curso propone que los seres grotescos y sobrenaturales abren vistas a las creencias que sirven de base a la identidad social y cultural. Lunes 12, 19. 26 de enero y 2 de febrero de 18.30 a 20:30.

Todo relato es policial, por José María Brindisi. La idea del curso es, a partir de la lectura de algunos autores modélicos -dentro y fuera del género policial-, brindar elementos para pensar la propia escritura poniendo énfasis en la estructura general de los textos. Miércoles 14, 21, 28 de enero y 4 de febrero de 18:30 a 20:30.

Patrick Modiano: el arte de la memoria, por Walter Romero. El seminario se propone establecer, a partir de la lectura de tres novelas de distintos períodos, la actualidad de la escritura y de la poética del escritor francés Patrick Modiano, recientemente galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Lunes 9 de febrero, 2 y 9 de marzo de 18:30 a 20:30.

Nietzsche: la crítica de la Cultura y el nihilismo contemporáneo, por Leandro Pinkler. El curso propone una lectura de algunos textos del joven Nietzsche en torno de la crítica de la cultura y de los principales Fragmentos Póstumos del último período, junto a referencias de muchos pensadores que han reformulado su concepción del nihilismo. Lunes 9 y 23 de febrero, 2 y 9 de marzo de 19:00 a 21:00

Cuatro modernos: James Joyce, Virginia Woolf, William Faulkner y T. S. Eliot, por Carlos Gamerro. El nuevo siglo nace del fragor de la Segunda Guerra: con las ruinas de un mundo que saltó en pedazos, cuatro autores, en cuatro obras fundamentales ponen manos a la obra y se dedican a fundar el siglo XX. Miércoles 11, 18, 25 de febrero, y 4 de marzo de 18:30 a 20:30.

Ficciones alteradas, por Rafael Cippolini. Un examen de las estrategias narrativas en tiempos en los cuales el concepto de ficción se redefine constantemente y se vuelve cada vez más político. Jueves 19, 26 de febrero, 5 y 12 de marzo de 18:30 a 20:30.

Informes e inscripción: literatura@malba.org.ar

 


La poeta y crítica literario Cristina Piña responde dos preguntas sobre algunos de los temas que va a abordar en el curso Alejandra Pizarnik: el yo transformado en lenguaje, que comienza el viernes 14 de noviembre.

¿En qué contexto poético produce su obra Alejandra Pizarnik?

Durante los años cincuenta, está asociada a la revista principal de la vanguardia: Poesía Buenos Aires dirigida por el poeta Raúl Gustavo Aguirre, uno de los mayores promotores de la neo-vanguardia en la Argentina -la vanguardia histórica entró en los años 20 con Borges y el grupo Florida- y donde se hizo amiga de Elizabeth Azcona Cranwell, Rodolfo Alonso, Rubén Vela y varios otros autores de esta línea, a quienes se unió el gran Edgard Bayley. También publicó en Poesía = Poesía de Roberto Juárroz.Y se puso en contacto con el grupo surrealista a través de Olga Orozco y Juan Jacobo Bajarlía, quienes la llevaron a lo de Oliverio Girondo y Norah Lange, donde también conoció a Molina.

Cuando se fue a París sus contactos fueron con Julio Cortázar, Aurora Bernardez, Octavio Paz, Miguel Ocampo y Elvira Orphée, Ítalo Calvino y su mujer, Chichita Singer Calvino y el gran post-surrealista André Pieyre de Mandiargues.

Por fin, al volver, en plena década del 60, con su fuerte -pero no única- línea de poesía comprometida y politizada, siguió fiel a su estética con bases surrealistas pero con cambios fundamentales respecto de dicha línea, en tanto era una obsesiva de la corrección.

¿En qué sentido puede hablarse de una "radical desconfianza respecto del lenguaje" en su escritura?

La hay, por cierto, pero conjuntamente con una confianza absoluta en que -dentro de la línea de los surrealistas y sobre todo de los poetas malditos- lo único que puede salvarnos de la banalidad de la realidad es la poesía. De ahí afirmaciones en su poesía como: "Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo..."

Pero a esa certeza y confianza ontológica en el lenguaje, se va sumando una radical desconfianza que alcanza su punto extremo en un famoso poema publicado en La Gaceta de Tucumán y luego póstumamente en Textos de Sombra y últimos poemas (1982) "En esta noche, en este mundo" donde dice algo para mí decisivo: 

No, las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia

¿si digo agua, beberé?
¿si digo pan, comeré?

Tras esto, y para quien le confirió al lenguaje la categoría de su "patria" y a la poesía un valor ontologizador y trascendente, no cabe sino la muerte.


El escritor y crítico literario Aníbal Jarkowski responde dos preguntas sobre algunos de los temas que va a abordar en el curso Infancias. Representaciones de la niñez en la literatura argentina, que comienza el jueves 6 de noviembre.

¿Cuáles son las cuestiones que El juguete rabioso de Roberto Arlt adelanta y que serán retomadas a lo largo del siglo XX por los escritores de los que se ocupa el curso?

El juguete rabioso es una novela inaugural en varios sentidos. Distintos críticos han propuesto, por ejemplo, considerarla la primera novela de la ciudad moderna, una especie de revés de Don Segundo Sombra, que también aparece en 1926.

Pero podríamos considerar otros dos perfiles que quiero desarrollar en el curso. Uno es la relación entre infancia y espacio. Silvio Astier crece, aprende, según los espacios de la ciudad por los que se desplaza. En este sentido, uno puede pensar que la idea de que toda ciudad moderna es, en realidad, dos ciudades contiguas ¿no? La contigüidad de la riqueza y la pobreza ya es una evidencia, un dato más de lo urbano moderno. La novela de Arlt figura ese fenómeno.

Podríamos también pensar en las distintas y siempre complejas relaciones de Astier con el trabajo. ¿Cuándo se deja de ser niño? Probemos una fórmula: dejamos de ser niños cuando vendemos a otro nuestro tiempo. Es seguramente una de las experiencias más violentas y también de las más significativas para pensar El juguete rabioso como relato de un aprendizaje.

A grandes rasgos, ¿qué representaciones de la niñez encontramos en la literatura argentina en la época en que Antonio Berni trabaja sobre su serie de Juanito Laguna?

Cuando imaginé las lecturas tuve muy presente que el curso acompañaría la muestra Antonio Berni: Juanito y Ramona. Pero no en el sentido de “ilustrar” las representaciones de Juanito con textos literarios, sino en el de leer ficciones que ofrecieran imágenes muy diversas de la niñez. Entiendo, por ejemplo, que la lectura de “El niño proletario” puede ser interesante, precisamente, por el efecto de contraste con las representaciones de la niñez que aparece en la serie de Juanito. En términos amplios, diría que lo más interesante de las representaciones literarias de la infancia por esos años es que ofrecen una tensión entre las representaciones idealizadas y otras que, en términos tanto estéticos como ideológicos, van en el sentido inverso, el de la desidealización.