Diario
Exposiciones

Los planos de Macchi
Por Rodrigo E. Moura

Mi primer contacto con la obra de Jorge Macchi tuvo lugar a fines de 2002, durante la Bienal de Fortaleza, donde el artista presentó la instalación Fuegos de artificio (2002). Para disfrutar de esta obra, el espectador debe entrar en una sala oscurecida, en la que las únicas fuentes de luz forman parte de la obra misma, y proceden de un conjunto de lámparas simples, de las utilizadas para escritorio, con un pequeño foco luminoso. Están fijadas al piso, y lanzan su haz de luz contra las paredes, de abajo hacia arriba. Cada una de las lámparas alumbra un dibujo tridimensional, hecho con clavos colocados a cierta distancia uno de otro, tomando como módulo la propia sombra proyectada por cada uno de ellos, que avanzan en forma ascendente y progresiva sobre las paredes. La forma creada por ese diseño ascendente, por su parte, es aquello a lo que alude el título de la instalación.

Las lecturas críticas de esta obra suelen señalar algunos aspectos fundamentales del pensamiento de Jorge Macchi, que pueden sintetizarse brevemente en su habilidad para crear constructos poético-visuales, en diversos medios, lenguajes y soportes, que desafían la percepción del espectador, en una suerte de combinación de enigma y anécdota, utilizando refinados códigos visuales, pero también contando con la experiencia del mundo y de lo cotidiano que posee el observador. En esa alternancia entre el significado aparente, intencionado e inmediato y las diversas capas de sentido a posteriori, una importante clave de interpretación privilegia la paradoja que opera sobre un conjunto de fuegos de artificio que son, al contrario de aquellos que evocan, permanentes y no efímeros. Su mise en scène, en forma de objetos triviales dispuestos de modo de obtener un efecto preciso, sine qua non, es otra vertiente de lectura y una fuente de fascinación de esta obra. Por fin, existe, como apunta el artista, una paradoja que se agrega a las demás: “Aquí hay varias paradojas entrelazadas, pero hay una que me interesa ahora: ¿las lámparas iluminan los clavos o los clavos son una consecuencia directa de la iluminación?”. Como no nos deja olvidar este comentario, estamos a punto de quemarnos en los fuegos de los artificios.

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Fragmento del ensayo publicado originalmente en el catálogo de la exposición Jorge Macchi. Perspectiva (2016). Versión completa en formato PDF aquí

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