Una derivación inesperada de la repercusión mundial del juicio a Adolf Eichmann fue el experimento documentado en este mediometraje, mediante el cual su creador Stanley Milgram procuró encontrar una explicación científica para la eficacia del fascismo. Mediante un actor, una puesta escena y un guión preciso, en el marco de un respetable ámbito de autoridad académica como la Universidad de Yale, Milgram descubrió los asombrosos extremos de crueldad que son capaces de ejercer los individuos cuando una figura de autoridad los releva de toda consecuencia. Se verá por primera vez en fílmico en Argentina, en copia recientemente adquirida por la Filmoteca Buenos Aires.