Este es ante todo un extraordinario film de suspenso y es también un film sobre la ambigüedad, la doble moral enloquecedora que en este caso se justifica dramáticamente porque el protagonista es un espía, pero que también es evidente en nuestro presente aún sin la presión de una guerra mundial. La clásica maestría del director para la construcción dramática se verifica una vez más en la estructura narrativa, cuya primera parte establece cuidadosamente las caracterizaciones, antagonistas y dificultades propias del drama. De ese modo la segunda parte, orientada hacia la acción física, está cargada de interés emocional en lugar de ser una simple peripecia. El gran Jack Hawkins, uno de los más sólidos actores de la historia del cine, aporta una convicción total a su personaje.