Ayala compartía con Leopoldo Torre Nilsson la formación profesional en la industria y la vocación por hacer un cine de calidad, y en ese sentido, ambos fueron modelos para la generación renovadora de los 60. Pero en este film Ayala decidió acercarse explícitamente al universo que Nilsson compartía con la escritora Beatriz Guido, que había sido esencial en su desarrollo artístico. PAULA CAUTIVA adapta el cuento La representación de Guido y toma de allí algunos intereses recurrentes de la autora: la preponderancia de la perspectiva femenina, el borde difuso entre la evocación melancólica y la corrupción morbosa, la aristocracia caída. Esa zona del film tiene una culminación en el personaje de Orestes Caviglia, que deviene en versión rural y grotesca del Cid Campeador. Olivera propuso darle además un marco político preciso a la trama, hacer que el film fuera visiblemente de su tiempo, y así los espectros de Guido conviven con las turbulencias institucionales de la Argentina del momento, con referencias a la caída de Frondizi, al enfrentamiento entre Azules y Colorados, a los negociados impulsados por gestores que saben cómo llegar al poder. El resultado es el mejor film de Ayala, una obra imprescindible en la historia del cine argentino.