Se basa en una novela de Hammett que, como El halcón maltés, ya había sido filmada antes pero pasteurizada por la censura. En los 30 un gángster podía ser el protagonista del film siempre y cuando al final lo cosieran a balazos. Eso ya no pasa en The Glass Key donde los gangsters además son políticos y donde el protagonista Alan Ladd está dispuesto a encubrir un crimen de su mejor amigo por todos los medios disponibles, incluyendo el control del fiscal general que es otro corrupto. En The Glass Key el periodismo es otra institución tenebrosa que se cobra con sangre los favores realizados y el antihéroe recibe unas palizas memorables propinadas por personajes que parecen salidos del museo del sadismo freak. Ninguno de ellos es castigado especialmente al final, como si quedaran al acecho, listos para seguir pegando en otra película