El actor de reparto William Conrad tuvo una carrera como director que es bastante inexplicable: dirigió sólo tres films, todos en 1965, y luego se limitó a filmar episodios de diversas series de TV. Lo excepcional es que esos tres largometrajes que hizo son buenísimos y sintonizan espléndidamente con el clima de paranoia instalado en la sociedad norteamericana en parte por la prolongación de la guerra fría y en parte por asesinato de Kennedy. Para muestra bastará esta Brainstorm, sobre un científico dispuesto a darlo todo por la joven esposa de un millonario cruel. La trama obliga al protagonista a replegarse progresivamente dentro de sí mismo y es extraordinario lo que Jeffrey Hunter hace para expresar los padecimientos psíquicos que se obliga a padecer. El tema roza parcialmente al superclásico Shock Corridor de Sam Fuller, realizado poco antes, pero los procedimientos narrativos son muy distintos. En algunos países de habla hispana se la conoce como Desafío al destino.