Faltan los colores y los temas musicales, y quizás también una relación más estrecha e intensa entre la fantasía y la realidad, pero aun así en la primera película de Demy ya puede advertirse un dominio sobre los espacios amplios y estrechos por igual.
Desde los primeros minutos, se revela que el film combina elementos del policial y del melodrama para llegar a lo que verdaderamente le importa a Astruc, el retrato de la personalidad de su protagonista, que va ganando espesor a medida que se suman los malos encuentros del título.
Este primer largo de Eisenstein establece el programa de la mayor parte del cine soviético de la década del 20 y es el resultado del riguroso análisis de lo que se filmaba en Estados Unidos y Europa.
La música alterna ritmos melódicos, el revival del jazz tradicional y un temprano rock’n’roll. En su variedad constituye todo un catálogo de lo que era la música joven en Inglaterra justo antes de la explosión de los Beatles y permite entender mejor hasta qué punto fueron importantes.
Los principales rasgos de estilo del propio Stroheim también están planteados tempranamente en este film: la representación del prusiano decadente y lascivo, atento a los mínimos detalles de su apariencia física, la vocación para mostrar las conductas humanas despojadas de toda hipocresía, la fascinación por el impulso trágico.
La cita inicial de Lenin es un diagnóstico: la Unión Soviética es inmensa y por lo tanto diversa, lo que explica que aún existan remanentes de una economía patriarcal. Tras la cita, la demostración.
La infancia es la edad de la creencia. Los adultos emplean palabras ya sin pensar demasiado en ellas, y niñas y niños observan la relación entre estas y los actos y las cosas.
Ocho minutos soberbios de un documental sobre la vida campesina. Después, un cuento político de desobediencia: dos jóvenes entran a trabajar en una cooperativa vinícola.
Después de una cita de Dante, el rostro de un hombre y una afirmación sobre el trabajo: mata y quizás dignifica. Quizás. Este es el inicio de la película y de una obra, la de uno de los grandes, quien filmó el trabajo, la desesperación, la fe, la alegría, la prostitución, el deseo, el fascismo.
Un niño obsesionado por ir a Teherán a ver un partido de fútbol empieza a juntar dinero como puede. Tiene que escabullirse del control de su familia y el colegio.
La ópera prima de Yong es narrativamente minimalista y perceptivamente maximalista: dos monjes, uno joven y un niño huérfano, experimentan sus propias dudas y no se resignan a seguir un camino que promete la liberación e iluminación.
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Kairat
La vida onírica es la marca registrada de la poética del maestro kazajo, y en su primera película el empleo de la puesta en abismo para introducir los sueños de su protagonista como secuencias narrativas y en continuidad en la lógica del relato es de una frecuencia tal que el propio film casi llega a invertir y trastocar el balance entre su conciencia diurna y la onírica.
17.09.2020