Tal vez lo primero que reconocemos en la obra Susana y el viejo (1931) de Antonio Berni sea el mítico rostro de Greta Garbo, que el artista recortó seguramente de alguna revista dedicada al cine, ¿pero quién tomó esa foto que es un retrato para alguno de sus films? ¿Y de qué año es y de cuál film se trata? ... Seguir leyendo


Aquí presentamos un fragmento del ensayo de Marcelo E. Pacheco incluido en el catálogo de la exposición Antonio Berni: Juanito y Ramona, MALBA (2014), con el título "Juanito Laguna y Ramona Montiel, dos invenciones extinguidas". Leer texto completo (PDF) aquí.

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En 1962, Antonio Berni llegó a la XXXI Bienal Internacional de Venecia, como parte del envío oficial argentino. El artista presentó una serie de tintas con la imagen de interminables pampas y cielos, y un conjunto de óleos con collage, unas xilografías y unos xilocollages, todos con el motivo de Juanito Laguna, un chico de una villa miseria, personaje inventado pocos años antes. La primera aparición pública de Juanito había sido en Buenos Aires, la temporada anterior, en Galería Witcomb, con doce piezas.

El rosarino obtuvo el Gran Premio Internacional de Grabado y Dibujo, y una mención destacada del jurado por la calidad de todos los trabajos expuestos. Berni era consagrado en la bienal más antigua y célebre del mundo. El personaje, la calidad del oficio y los valores estéticos, y quizás ideológicos, de las obras habían conseguido atraer la atención de crítica y especialistas internacionales.

Terminados los actos y ceremonias de Venecia, el pintor viajó a París, donde trabajó unos meses. En 1962 la comunidad de artistas latinoamericanos que producían en la capital francesa era numerosa, y actuaba en varias de las líneas de avanzada de la escena: arte objetual, performances, arte cinético, alrededor del nouveau réalisme, la Nueva Figuración y el Arte-Vivo.

Se podían ver artistas venezolanos, brasileños, colombianos, chilenos, peruanos, mexicanos, cubanos y argentinos, que no sólo frecuentaban las vanguardias, sino que eran protagonistas centrales de ellas, como, en el arte óptico y cinético, Jesús Soto, Alejandro Otero, Carlos Cruz-Diez, Julio Le Parc, Martha Boto y Gregorio Vardánega, de Caracas los tres primeros y Buenos Aires los demás. La intensidad del fenómeno era tal que, ese mismo año, el Musée d’Art Moderne de la Ville organizó la exposición L’art latino-américain à Paris, donde Berni estuvo presente junto a otros argentinos como Marta Minujín, Jorge de la Vega y Alberto Greco.

Visitando los mercados de pulgas de la ciudad y las casas de viejo, Berni fue encontrando materiales para un segundo personaje que estaba imaginando hacía tiempo: Ramona Montiel, una muchacha de Pompeya o Villa Crespo que, seducida por los falsos oropeles del “gran mundo”, se había convertido en prostituta. En París, realizó Ramona espera, el primer collage y ensamblado de la serie, y La gran tentación, su antecedente directo.

En ese momento, el artista ya tenía en acción a los dos personajes que fueron los protagonistas del ciclo más extenso e importante de su producción. Hasta 1977, de manera casi excluyente, Juanito Laguna y Ramona Montiel concentraron su atención, y dieron origen a pinturas, collages, ensamblados, construcciones y objetos, cajas, xilografías, xilocollages y xilocollages-relieves, ambientaciones y un espectáculo con instalaciones y medios audiovisuales.


Fragmento del ensayo de Andrea Giunta incluido en el catálogo de la exposición Antonio Berni: Juanito y Ramona, MALBA (2014), con el título "Ramona vive su vida". 
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Una capa leve de azul translúcido se desliza sobre la imagen de una joven rubia y publicitariamente bella. Los rastros del pigmento atraviesan el rostro y vinculan el póster con las tensiones de la urbe. El tono azulado le agrega un efecto nocturno o cinematográfico. La armonía de la rubia de La gran tentación o La gran ilusión proviene de sus rasgos y la sedosidad de la piel, que aumentan el poder persuasivo de esa muchacha perfecta que aprieta entre sus uñas pintadas de rojo un puñado de monedas francesas. En la otra sostiene un auto, como si nos ofreciese un regalo. “Si usted es rubia y bella, puede poseer todo esto”, parece decirnos la imagen. Quizás se trate de la publicidad de un auto (¿un Buick? ¿un Pontiac?) que cita el póster del film de 1958 Attack of the 50 Feet Woman [El ataque de la mujer de 15 metros]. En cualquier caso, se trata de una mujer poderosa. Ya sea por su belleza estereotípica o por su tamaño. Arriba del auto se estrella el impacto de una masa de pintura roja. Un atentado, un signo de violencia, una confrontación de mundos y de sentidos. Debajo, o del otro lado, separado por una valla de chapas y pintura, un conjunto de personajes se une en un desfile grotesco. Se desplazan entre fragmentos de basura. Con los rostros deformados, exuberantes, vociferantes, caminan exhibiendo sus gestos y sus cuerpos desde una representación opuesta al canon que encarna la modelo. Los personajes masculinos, un linyera,2 hombres trajeados, una figura que parece un militar, todos cuerpos y rostros exasperados, rodean a una mujer semidesnuda, con plumas, medias, ligas y cartera. El estereotipo de la prostituta. Ella mira a la mujer del retrato publicitario. No tiene la piel suave, ni un maquillaje cuidado; su rostro es el del exceso, la violencia, los ángulos, los contrastes de color y de texturas. Los brillos exaltados. Ramona se descompone en fragmentos. Monedas, strasses y una boca cuasi ortopédica libran una batalla para configurar sus formas. Su cuerpo está habitado por las caras y los recortes de revistas con parejas de matrimonios normales: la hipocresía de la sociedad que crea y expulsa a Ramona. La multitud ensancha ese cuerpo que se desborda en los senos flácidos. Un cuerpo vivido por la experiencia de reinventarse cada día en la calle, diseñando su rostro como una máscara que la convierte en mercancía. Una fuente de trabajo. La materia pictórica que se mezcla con el desecho parece ser el lugar desde el cual se arrojó el pigmento rojo.

Ramona podría ser de cualquier gran urbe. A diferencia de Juanito Laguna, la serie de Ramona no se ubica, necesariamente, en los cinturones de miseria de una ciudad latinoamericana. Representa los márgenes femeninos de la cultura urbana. La prostituta, la extranjera, el otro y un signo de clase. Un lugar de visualización de la modernidad fallida y un anticipo de las tensiones sobre las que se organiza el modelo del desarrollo durante los años sesenta. Berni la concibe entre Buenos Aires y los restos materiales del Folies-Bergère parisino. 


Como todos los años, MALBA participa de La noche de los museos, que en esta 11° edición congrega la cifra récord de 210 museos y espacios culturales de toda la Ciudad de Buenos Aires. El sábado 15, entre las 20:00 y las 3:00, la entrada al museo será libre y gratuita. El museo funcionará además como uno de los diez puntos de donación en los que se recibirán alimentos no perecederos a beneficio de la Fundación Banco de Alimentos. 

MALBA participa del evento con Antonio Berni: Juanito y Ramona, primera exposición de Antonio Berni (Rosario, 1905 - Buenos Aires, 1981) que presenta en forma exhaustiva sus célebres series de Juanito Laguna y Ramona Montiel e incluye a los Monstruos de sus pesadillas.

La muestra reúne un conjunto de 150 obras (pinturas bidimensionales, grabados, xilocollages, xilocollage-relieves, ensamblajes y construcciones polimatéricas), creadas entre 1958 y 1978, cedidas por la familia del artista y por veinticinco colecciones públicas y privadas de Argentina, Uruguay, Estados Unidos, España y Bélgica. Antonio Berni: Juanito y Ramona intenta situar a Berni en su contexto internacional, destacando la diversidad y multiplicidad de su producción artística, fruto de una constante búsqueda por expandir las preocupaciones centrales de los movimientos artísticos de la posguerra.


Malba - Fundación Costantini prestó ocho obras de su colección para la muestra El ojo extendido. Huellas en el inconsciente, que se exhibe hasta el 28 de septiembre de 2014 en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat de la Ciudad de Buenos Aires. 

Según la curadora Mercedes Casanegra, la exhibición "incluye las miradas sobre el mundo representadas en cada una de estas obras, y las abre hacia sentidos simbólicos. El órgano de la percepción sensible e intelectual –el ojo– se integra a la imaginación. Y, así, se proyecta la idea de esta exposición como un viaje imaginario, como un recorrido que se despliega a través de las obras, conducido por el sentido privilegiado de la percepción visual, que, en este caso, exalta el ser órgano de la visión interior."

Aquí el listado completo de las obras: 

Renart, Emilio
Dibujo Nº 14, 1965
Tinta y aguada sobre papel
125 x 76
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Renart, Emilio 
Dibujo Nº 2, 1965 
Tinta y aguada sobre papel 
75 x 111 
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Batlle Planas, Juan 
Radiografía paranoica, 1936 
De la serie homónima 
Témpera y grafito sobre papel
34,2 x 24,7
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Batlle Planas, Juan
Radiografía paranoica, 1936
De la serie homónima
Témpera y grafito sobre papel
32 x 24
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Berni, Antonio
La siesta y su sueño, 1932
Óleo sobre tela
52,5 x 69
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Ferrari, León
Manos, 1964
Tinta sobre plexiglás y madera, fotografías recortadas y alambres de acero inoxidable y cobre
119 x 73,5 x 9
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Santantonín, Rubén
Cosa, ca. 1963 – ca. 1998 reconstrucción Oscar Bony
Cartón corrugado, cola, tela y pintura látex
50 x 60 x 40
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Battistelli, Leo
Universo inventario, 2004
Cerámica vidriada Verbano con hierbas psicoactivas en alcohol. 34 instrumentos de alquimia sobre mesa de madera de caoba
Instalación 123 x 150 x 150,5
Colección Malba – Fundación Costantini, Buenos Aires

Foto: Detalle de Radiografía paranoica (1936), de Juan Batlle Planas.